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El insomnio ya no se considera solo un síntoma molesto o una consecuencia del estrés. La investigación en Neurología apunta a que podría ser un factor de riesgo modificable de demencia, incluida la enfermedad de Alzheimer.
Un reciente artículo publicado en Diario Médico recoge los avances presentados por el neurólogo Claudio Liguori, profesor de la Universidad de Roma Tor Vergata, que participa en ensayos clínicos con una nueva familia de hipnóticos: los antagonistas duales de los receptores de orexina (DORA).
Desde el Instituto Médico del Bienestar, analizamos qué implican estos hallazgos y cómo integrarlos en una estrategia clínica rigurosa y basada en la evidencia.
¿El insomnio es una señal temprana de demencia o un factor de riesgo?
Es el clásico dilema y uno de los grandes interrogantes en neurología actual:
¿El insomnio causa deterioro cognitivo o es una manifestación temprana de la neurodegeneración?
Liguori realizó su exposición en el marco del simposio celebrado recientemente por la Fundación Ramón Areces y el Instituto del Sueño. donde explicó que aunque aún no puede hablarse de causalidad definitiva, la evidencia acumulada de algunos factores que se asocian a mayor riesgo de desarrollar Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas es cada vez más sólida:
- La reducción del tiempo total de sueño
- El insomnio crónico
- Los trastornos respiratorios del sueño (como la apnea)
- La fragmentación del sueño
Desde la psiquiatría clínica sabemos que el insomnio persistente no solo impacta en el estado de ánimo y la ansiedad; también tiene un impacto directo en la capacidad cognitiva, afectando a la memoria, la atención y las funciones ejecutivas.

Neuroimagen: ¿Qué ocurre en el cerebro cuando dormimos mal?
Los estudios de neuroimagen muestran que las personas con insomnio presentan con mayor frecuencia:
- Depósitos de beta-amiloide
- Lesiones de sustancia blanca
- Alteraciones en la conectividad cerebral
Todos ellos son marcadores relacionados con la demencia.
El papel del sistema glinfático
El sistema glinfático es el encargado de «limpiar» la «basura cerebral» durante el sueño profundo (ondas lentas).
Este mecanismo favorece la eliminación de dos proteínas potencialmente tóxicas como son la beta-amiloide y la proteína tau fosforilada.
Cuando el sueño es insuficiente o está fragmentado:
- Se reduce la eliminación de estos desechos
- Aumenta la inflamación crónica
- Se altera la plasticidad sináptica (fortalecimiento y creación de nuevas conexiones neuronales)
- Puede haber disfunción microvascular
La conclusión clave es que no se trata solo de dormir más horas, sino de dormir mejor.
Calidad del sueño y deterioro cognitivo: no es solo cuestión de horas
La investigación actual enfatiza que un sueño saludable implica:
- Duración adecuada: entre 7 y 8 horas de media, aunque cada persona tiene su propia medida.
- Continuidad: sueño sin interrupciones
- Preservación de las fases del sueño, especialmente REM y sueño profundo
- Ritmo circadiano regular: respetar el ritmo natural de noche y día y permitir a nuestro organismo adaptarse a él.
En consulta no basta con preguntar: “¿duermes bien?”. Evaluamos señales de alerta para las que es necesario saber:
- Hora de inicio y despertar
- Despertares nocturnos
- Somnolencia diurna
- Necesidad de siestas
- Regularidad del ciclo sueño-vigilia

Antagonistas de la orexina (DORA): una nueva vía terapéutica en investigación
La investigación neurológica está explorando el uso de los antagonistas duales de los receptores de orexina (DORA) por su actuación sobre el sueño.
La orexina es un neurotransmisor clave en la promoción de la vigilia.
Bloquearla puede contribuir a inducir un sueño más fisiológico respetando la arquitectura del sueño y con la ventaja de no incurrir en algunos efectos adversos asociados a sedantes clásicos como las benzodiacepinas.
Entre los fármacos aprobados para insomnio se encuentran: Daridorexant, Suvorexant y Lemborexant
Los ensayos clínicos que se están llevando a cabo se centrar en averiguar si estos fármacos no solo mejoran el sueño, sino también los biomarcadores relacionados con el Alzheimer.
De hecho, estudios preliminares muestran que solo dos noches con suvorexant reducen significativamente los niveles de beta-amiloide y tau fosforilada en líquido cefalorraquídeo, lo que en opinión del Dr Liguori, abre la hipótesis prometedora de que «dirigirnos al sistema de la orexina puede ayudar a contrarrestar los procesos neurodegenerativos relacionados con la enfermedad de Alzheimer».

Romper el círculo vicioso entre insomnio y deterioro cognitivo
El fenómeno recurrente en pacientes mayores une dos situaciones nocivas:
- La alteración del sueño empeora la neurodegeneración.
- La neurodegeneración empeora aún más el sueño.
Este círculo vicioso puede acelerar el deterioro cognitivo.
Hay una clara diferencia, y esto es muy importante, entre sedación y sueño fisiológico restaurador. No debemos confundir estos dos conceptos, ya que el primero no permite una restauración en nuestro sistema cognitivo y el segundo sí.
Tal como señala Liguori: «dormir es un proceso activo de nuestra vida y por lo tanto, no se debe prescribir sedación, hay que prescribir sueño”.
A diferencia de las benzodiacepinas (fármacos gabaérgicos), cuyo uso prolongado se asocia a riesgos cognitivos, los DORA muestran un perfil de seguridad más favorable en estudios de hasta 12 meses, e incluso datos clínicos de hasta tres años en pacientes con deterioro cognitivo leve.
¿Qué significa esto para la prevención de la demencia?
Aunque aún es prematuro afirmar que tratar el insomnio previene la demencia, la evidencia actual sugiere que el sueño es un factor de riesgo modificable y una posible señal temprana de neurodegeneración, lo que lo convierte en un objetivo terapéutico prioritario en mayores
Esto es especialmente relevante en pacientes con:
- Quejas cognitivas subjetivas (quejas sobre disminución cognitiva que percibe el paciente, pero no se detectan en pruebas neuropsicológicas objetivas)
- Deterioro cognitivo leve
- Antecedentes familiares de Alzheimer
- Insomnio crónico persistente
Intervenir precozmente podría ser decisivo.
Ansiedad, depresión e insomnio: una relación clave en salud mental
En la práctica clínica, el insomnio rara vez aparece aislado. Con frecuencia se asocia a trastornos de ansiedad y depresión, dos condiciones que también influyen en el funcionamiento cognitivo y en la salud cerebral a largo plazo.
La ansiedad mantiene al cerebro en estado de hiperactivación, dificultando la conciliación y la continuidad del sueño. La depresión, por su parte, altera la arquitectura del sueño y puede provocar despertares precoces o sueño no reparador.
Esta relación es bidireccional:
La ansiedad y la depresión empeoran el insomnio.
El insomnio crónico aumenta el riesgo de desarrollar trastornos afectivos.
Cuando el sueño se altera de forma persistente, pueden activarse mecanismos inflamatorios y de estrés que afectan a la capacidad cognitiva. Por eso, tratar el insomnio desde la psiquiatría y la psicoterapia no solo mejora el descanso, sino que puede proteger la salud cerebral a largo plazo.
Cómo abordamos el insomnio en el Instituto Médico del Bienestar
En nuestro abordaje integral combinamos:
Evaluación psiquiátrica especializada
- Diagnóstico diferencial del insomnio
- Identificación de comorbilidades (ansiedad, depresión, apnea, dolor crónico)
- Valoración del riesgo cognitivo
Psicoterapia basada en evidencia
- Terapia cognitivo-conductual para el insomnio (CBT-I)
- Intervenciones sobre ansiedad anticipatoria o depresión asociadas
- Regulación emocional
Enfoque médico personalizado
- Higiene del sueño estructurada
- Regulación del ritmo circadiano
- Tratamiento farmacológico cuando está indicado
- Seguimiento a medio y largo plazo
La prevención del deterioro cognitivo no comienza cuando aparece la demencia, sino años, e incluso, décadas antes. Y el sueño es uno de los pilares fundamentales.

Preguntas frecuentes sobre insomnio y demencia
¿El insomnio puede causar Alzheimer?
El insomnio crónico no se considera una causa directa confirmada de Alzheimer, pero sí un posible factor de riesgo modificable. Diversos estudios muestran que dormir mal favorece la acumulación de beta-amiloide y tau, proteínas asociadas a la neurodegeneración. Tratar el insomnio podría reducir este riesgo.
¿Dormir poco aumenta el riesgo de demencia?
Sí, la reducción persistente del tiempo total de sueño y la fragmentación del sueño se asocian a mayor riesgo de deterioro cognitivo. No solo importa la cantidad de horas, sino la calidad del sueño profundo y la regularidad del ritmo circadiano.
¿Tratar el insomnio puede prevenir la demencia?
Aún no puede afirmarse que tratar el insomnio prevenga la demencia, pero la evidencia sugiere que mejorar el sueño podría ralentizar procesos neurodegenerativos. Ensayos clínicos con antagonistas de la orexina están investigando si estos tratamientos mejoran biomarcadores relacionados con el Alzheimer.
¿Qué son los antagonistas de la orexina?
Son fármacos que bloquean el neurotransmisor orexina, responsable de mantener la vigilia. A diferencia de las benzodiacepinas, inducen un sueño más fisiológico y respetan mejor su arquitectura. Actualmente se estudia su posible impacto en la salud cerebral a largo plazo.
¿Cuándo consultar por insomnio persistente?
Se recomienda consultar cuando el insomnio dura más de tres semanas, afecta la memoria, la concentración o el estado de ánimo, o se acompaña de somnolencia diurna. En adultos mayores, el insomnio crónico puede ser una señal temprana de deterioro cognitivo.
Conclusión: dormir bien es una estrategia de salud cerebral
La investigación en neurología está redefiniendo el papel del sueño en la prevención del Alzheimer y otras demencias, indicando que el insomnio ya no es solo un síntoma: puede ser una señal de alerta y, potencialmente, una oportunidad terapéutica.
Invertir en sueño es invertir en salud mental, en equilibrio emocional y en salud cerebral a largo plazo.
Si tienes insomnio persistente o notas cambios en tu memoria o concentración, es recomendable que realices una evaluación especializada. Dormir bien no es un lujo: es una necesidad biológica esencial para proteger tu cerebro.
Instituto Médico del Bienestar
Departamento de Psiquiatría